Si deseas hacerme algún comentario, propuesta, sugerencia, o simplemente quieres cruzar unas palabras conmigo, no dudes en escribirme a elfinaldetodoslosinviernos@live.com

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jueves, 19 de diciembre de 2013

Lletraferits de Sant Boi: Presentación oficial

El pasado viernes, 13 de Diciembre, se presentó de manera oficial al gran público la asociación de escritores "Lletraferits de Sant Boi" -a la cual tengo el orgullo de pertenecer- en un acto multitudinario. La Biblioteca Jordi Rubió i Balaguer acogió este evento, en que además se homenajeó a Salvador Espriu i a la poestisa recientemente fallecida Joana Raspall.
Como bien dijo nuestro vicepresidente, Amadeu Alemany, Lletraferits es un grupo abierto a todo tipo de estilos, idiomas, pensamientos e ideologías, siempre en un ambiente democrático y de diálogo.
Presentada la asociación, y como primer gran acercamiento al público, tuvo lugar la entrega del I Concuros de Relatos Menasaje en una Botella, en la que varios comerciantes del pueblo contribuyeron con sus regalos como parte de los tres premios.


Vista general de la sala, llena hasta la bandera.

En el estrado, de izquierda a derecha:
Joan Nonell,  Jaume Bosch (alcalde de Sant Boi), Vicente Corachán (presidente de Lletraferits de Sant Boi), Amadeu Alemany (vicepresidente de Lletraferits de Sant Boi) i Ció Lerma.

Lletraferits de Sant Boi, de izq. a drcha:
Núria Salán, Abel Santos, David Arrabal, Joan Nonell, Carme Raichs, Vicente Corachán, Amadeu Alemany, Ció Lerma, Alfredo Segarra y Joan Massip.
Falta en la foto Guillem Gómez, que se nos despitó.

domingo, 15 de diciembre de 2013

A la venta en la librería Espai Literari


"El final de todos los inviernos" está a partir de hoy a la venta en un librería muy especial. Situada en el emblemático barrio barcelonés de Gràcia, Espai Literari es un librería dedicada especialmente a la venta de libros autoeditados y de editoriales pequeñas.
Así mismo, se organizan presentaciones, talleres, y demás eventos que potencian aún más el arte que en esta librería se atesora.
Personalmente valoro sobremanera el trabajo del librero, Aureli, pues en los tiempos que corren una librería como ésta es todo un riesgo. Se que el público lector responderá con entusiasmo, al igual que lo estamos haciendo los autores. 
Espai Literari es un referente que deseo sea imitado en toda la geografía ibérica.

La encontrarás en:

C/ Ramón y Cajal, 45, Barcelona (Barri de Gràcia)

Lunes a Viernes:
10.30 a 14 i 16.30-20.30 
Sábados:
11 a 14 i 17 a 20


jueves, 12 de diciembre de 2013

Mis lecturas en 2013

Estos han sido los libros que he leído este año que termina:

-Réquiem por un campesino español, de Ramón J. Sender.
-El alzamiento, de Brian Keene.
-La ciudad de los muertos, de Brian Keene.
-Primera Sangre, de David Morrell.
-50 sombras de Gregorio, de Rosella Calabrò.
-Danza de Dragones, de R.R. Martin.
-Los caminantes, de Carlos Sisí.
-Los caminantes: Necrópolis, de Carlos Sisí.
-Los caminantes: Hades Nebula, de Carlos Sisí.
-Soy leyenda, de Richard Matheson.
-Dos velas para el Diablo, de Laura Gallego.
-En las montañas de la locura, de H.P. Lovecraft.
-El arte sombrío, de Juan de Dios Garduño.
-Y pese a todo, de Juan de Dios Garduño.
-Camposanto, de Íker Jiménez.
-La isla del tesoro, de Robert Louis Stevenson.
-Hellraiser, de Clive Baker.
-Tríptico de Asclepia: Semillas amargas, de Ian Tregillis.

He disfrutado como un cosaco. A ver qué trae el 2014.

 

domingo, 8 de diciembre de 2013

sábado, 7 de diciembre de 2013

Presentación oficial de Lletraferits de Sant Boi

Ha llegado por fin el momento de que la asociación de autores Lletraferits de Sant Boi se presente al público. Por eso invito a esta presentación a todo el que quiera pasarse el viernes 13 de diciembre, a las 18.30h, por la Biblioteca Jordi Rubió i Balaguer de Sant Boi.
Además, se leerá el fallo del concurso de relatos "Mensaje en la botella" y se entregarán los premios; también aprovecharemos para sumarnos al "Centenari Espriu", donde se homenajeará al poeta en el centenario de su nacimiento.
Como miembro fundador de Lletraferits de Sant Boi, y representando al resto de compañeros, será un placer y un honor contar con vuestra presencia.




jueves, 5 de diciembre de 2013

Descarga gratis "El final de todos los inviernos".

Se van animando las descargas de "El final de todos los inviernos" en la web BiblioEteca, en la modalidad "paga si te gusta". Desde aquí os invito a registraros en dicha página y descargaros la novela. Como pago sólo os pido una opinión personal o reseña, ya sea en un blog, en un comentario en esta entrada o en un correo a elfinaldetodoslosinviernos@live.com. Gracias y disfrutad de la lectura.



miércoles, 4 de diciembre de 2013

"Por donde otros caminaron" - Un mañana para Alicia

La antología solidaria a favor de la niña Alicia Cabello ya es una realidad, y ya cabalga hacia la inmortalidad literaria de este país. Para celebrarlo, y para dejaros catar uno de los relatos que se narran en sus páginas, os dejo el mío, una historia fantástica donde el protagonista es un músico. Espero que los disfrutéis y que os anime a haceros con este libro tan especial.

POR DONDE OTROS CAMINARON
Descubrió un camino sin iluminar, un sendero que muchos habían recorrido ya, pues innumerables filas de huellas se perdían a lo lejos. Aun así, tuvo la impresión de que nadie había reparado en el encanto de la niebla que, como un susurro en el viento, flotaba melosa y discreta entre las piedras y las ramas de los árboles retorcidos. La luna gris, que emitía un tenue resplandor ahogado entre las nubes, trataba de vislumbrar el rostro del nuevo caminante que allí había acudido. Alguien que intuía algo en el ambiente; una sensación de melancolía quizá, que le hacía comprender que no estaba allí por casualidad. Era consciente de las maravillas que en las sombras se escondían, así que decidió no esperar más.
Ascendió a un árbol, que con tristeza le habló:
No hay nada que ver, aunque subas por mi tronco. Este sendero se pierde, como tantos otros, serpenteando hasta no saber cómo continuar. Mira, estudia el camino, pídele a la luna que te guíe, si puede, con esa tormenta que estallará en cuanto pongas tu pie en la niebla. Recuerda que ninguno de nosotros pudimos volver atrás cuando nuestro ánimo se hundió en esta tierra.
Escuchó con atención aquella advertencia, pero encontró en su corazón el coraje para acariciar aquella negra corteza y calmar así el dolor del árbol, arrancando por unos instantes la pesadumbre de sus ramas.
Yo soy quien viaja por los sueños de quienes no recuerdan su vida; soy el músico que compone la melodía de las esperanzas. Dormirás cuando me haya bajado de tu copa, y encontrarás así el descanso que ahora te prometo. No hay maldición que dure para siempre, pues no hay dolor que no se desvanezca cuando entono mi canción.
Desde aquella altura observó cómo las estrellas se alineaban señalando un lugar lejano, un punto en el camino donde le contaron ellas mismas que una sonrisa había caído del cielo y se debatía agonizante al borde de un precipicio, pues no había allí nadie que comprendiera su dolor. Muchos habían recorrido aquel camino ya, muchos que quisieron llegar hasta su corazón y triunfar donde los mismísimos dioses habían fracasado. También le advirtieron las estrellas de los peligros, de las nubes tormentosas, de las rocas puntiagudas y del viento y la niebla.
La paz que uno experimenta cuando ignora su alrededor es el mayor de los peligros le dijeron—. Todos quienes hasta ella acudieron eran valientes, pero también orgullosos y confiados.
Descolgó de su hombro su modesta guitarra valorando aquel consejo. Su instrumento ni de oro ni de plata era, pues en lo sencillo radica la magia, y rasgó las cuerdas de luz de luna, que sobre trastes de sueños e ilusiones se tensaban, entonando al tiempo una dulce melodía que brotaba directamente de su corazón. Despertó así a las musas, a duendes y hadas, a búhos y musarañas, a las plantas y piedras, a la vida olvidada por aquel lugar. Las estrellas miraron con curiosidad, y no pudieron evitar bailar, danzando al son del viento que, con graciosos remolinos, se abrazó a la niebla y despejó aquel tramo del camino en un precioso vals.
Entonces bajó del árbol, que ya dormía en paz, gozando del silencio de los sueños. Miró a lo lejos, procurando entrever aquella enigmática sonrisa más allá de la bruma. Por un momento sintió que la pena arañaba su corazón, intentando escarbar en sus recuerdos. La tristeza en aquel lugar era densa y terrible, lo había ignorado hasta aquel momento y recordó así la advertencia de las estrellas.
No debo bajar la guardia se dijo, blandiendo la cautela como si de una espada se tratara.
Su corazón estaba convencido de que debían acudir en ayuda de aquella persona que se encontraba perdida y desamparada, al borde del abismo. Una sonrisa así no podía caer olvidada en las fauces oscuras del tiempo.
Entonces una lechuza se posó en su hombro, distraída, mirando las cuerdas de luz de su guitarra. Se acicaló las plumas de un ala con ayuda de su pequeño pico, mirando de reojo al extrañado músico, que sonreía ante la confianza del animal.
Cuando la encuentres no la mires con tus ojos dijo sin pronunciar palabra—. Ya no distingue las caricias y los besos, pues allí el viento no es la bondad que conoces. Allí ruge con furia y dolor. No verá lo que tú le quieras mostrar.
Así me lo asegura mi corazón afirmó él¿Quién me aguarda más adelante? ¿A quién pertenece la sonrisa que he visto desde allí arriba? Hay un gran abismo a sus pies, y temo que no llegue a tiempo para salvarla de una caída fatal.
Nadie conoce su nombre todavía, pues todos lo olvidaron en la niebla, mientras la llamaban a gritos. lo tu voluntad te guiará si la escuchas, pero controla tu entusiasmo, que no te ciegue, pues es habitual que se pierda con facilidad la visión del horizonte y acabes por dejarte llevar entre las sombras de la desesperación.
Si vine a este lugar fue gracias a que alguien pronunció mi nombre. Ahora que he visto la derrota en la carne de otros, comprendo qué me espera si doy un paso más en el camino. Mis huellas quizá se unan a todas estas que ni el polvo del tiempo ha conseguido borrar, pero mi canción perdurará. Esa es la fuerza que me llevará hasta ella. Mi voluntad es el fuego que me hará de guía.
Se despidió de la lechuza, que alzó el vuelo y desapareció entre aquellos árboles de corteza negra quienes, con curiosidad, contemplaban a su compañero mientras éste dormía. Ellos, que una vez fueron valientes, lloraban ahora por encontrar la paz.
Sálvanos antes de partir dijeron al unísono, zarandeando sus ennegrecidas ramas, suplicando el sueño que su música bendecía—. Salva aquello que el orgullo, disfrazado de valentía, condenó. Queremos descansar como nuestro hermano, sin sentir la fría tierra muerta que atrapa nuestras raíces, y evitar el cortante lamento del viento en nuestra endurecida piel agrietada.
Pero el músico no cantó, ni rasgó las cuerdas de su instrumento. Ya había dado el primer paso, y el camino se había apoderado de su voluntad, arrastrándolo a la tierra y la piedra que lo conducían lentamente al corazón de la niebla, que susurraba palabras de desánimo y mentiras.
Caminó en silencio, solo, hasta que las nubes alzaron el vuelo y rugieron en lo alto, asustando a las estrellas, que decidieron acurrucarse en los brazos del caminante. Él las miró, ausente, pues en su interior se libraba una feroz batalla. Sabían que se encontraba perdido en aquel camino que él ahora veía recto, como si una línea de tierra y piedra sin fin cruzase un frío vacío gris.
Las estrellas hablaron entre sí, en un antiguo lenguaje que sólo el sol podría haber entendido, y decidieron vencer su miedo y regresar a su lugar en el firmamento. El músico las necesitaría allá en lo alto, indicándole el Norte, trazando en el firmamento el sendero que debía seguir en la tierra.
Las nubes, que hasta aquel momento se creyeron fuertes e inamovibles, comenzaron a llorar, admirando la constelación recién nacida.
Él las miró con los ojos apagados, sin llegar a comprender el mensaje. Caminaba dando pasos cortos, torpes, con el peso de su guitarra sobre la espalda, fría, inerte, silenciosa. No recordaba su nombre, ni el propósito de aquel deambular entre la bruma silenciosa y el frío, que estaba encadenado a su piel pálida y cada vez más terrenal.
Comenzaba a estar en sintonía con la tristeza que aquellos desdichados árboles respiraban a través de sus ennegrecidos y retorcidos troncos. La tierra polvorienta le alentaba con promesas de descanso y paz. Cada vez sus pasos eran más cortos, tropezando con piedras puntiagudas que amenazaban con derramar su sangre, si llegaba a caer.
Se sentía perdido, desorientado, cansado, abatido.
Las estrellas murmuraron entre ellas, asustadas, temiendo que aquel hombre, que tanto las había enamorado con su música, aquel músico que había llevado la luz a una noche eterna, no lograse despertar jamás. Debían hacer algo por él, pero ¿qué?.
Aquellos pequeños puntos de luz se esforzaron aún más, ardiendo como lo harían el sol y la luna juntos, por unos segundos, los necesarios para calentar el corazón del músico, que yacía enterrado en lo más profundo de su ser, mostrando ante sus ojos el ir y venir del camino.
Despertó, dolorido y cansado, confundido, pero también intrigado, preguntándose dónde estaba la efímera luz que le había llamado por su nombre.
Salvó por fin los verdaderos escollos que el viejo camino escondía en cada curva, en cada sombra, en cada piedra. La voluntad ardió en su corazón, calentando así su cuerpo e iluminando su alma, siguiendo así la senda correcta. Respetó cada sentimiento, cada alegría y cada miedo, comprendiendo el valor de la vida y de la muerte. Mientras caminaba así, decidido a no desfallecer, a no dejarse envolver por la niebla y la desesperación, encontró a quien tanto había buscado, por quien había acudido a aquella tierra de cenizas y oscuridad. Buscando una sonrisa en la noche, encontró a quien había pronunciado su nombre.
Las nubes se enjugaron sus lágrimas y observaron en silencio, mientras las estrellas, exhaustas, se apagaron y comenzaron a dormir.
Sentada en la tierra mojada encontró a la mujer por quien todos aquellos valientes habían perecido en el camino. Sus ojos estaban enrojecidos y húmedos, cansados de tanto llorar. Sus manos formaban un cuenco donde acumulaba aquellas lágrimas, buscando inútilmente un lugar donde depositarlas sin causarles dolor, pues la tierra negra estaba plagada de piedras puntiagudas que ansiaban beber su pena.
Observó cómo aquella inocente mirada se hundía, triste y esquiva, perdiéndose en el vacío que dejan las sonrisas cuando se apagan. Comprendió entonces que había llegado tarde.
Quiso hablarle, preguntarle por qué lloraba, pero no recordaba cómo hacerlo. Buscó entre sus virtudes, pero no consiguió hallar un gesto adecuado, una palabra luminosa o una mirada serena.
Comprendió que la había perdido, que el abismo sobre el que ella se balanceaba hacía tiempo que la había convertido en su celda. Derrotado, se sentó, en la misma tierra mojada que ella regaba, y vio su propia piel tornarse piedra. Comenzó a cantar, a rasgar las cuerdas luminosas de su guitarra, entonando una canción de despedida. Finalmente, sería uno más de aquellos árboles de troncos retorcidos y negros que se repartían a lo largo del camino. Alzaría sus ramas al cielo nocturno, llamando la atención sobre todo caminante que osara aventurarse en busca del espejismo de una sonrisa que hacía demasiado tiempo que había dejado de brillar.
Cantó largo tiempo, hasta que sus fuerzas abandonaron su cuerpo y su espíritu, dejando que sus dedos continuasen por inercia, bailando ya sin sentido, sobre la única cuerda que permanecía radiante a lo largo del mástil de la guitarra. Una última nota sonó al tiempo que la luz se apagó, emitiendo un débil destello cuando cesó de vibrar. El silencio y la oscuridad respiraron aliviados, terminando así de esculpir la nueva estatua, el nuevo árbol que alimentaría la negra leyenda de aquel sendero.
Ella levantó la vista, triste, sintiéndose culpable por haber atraído a otro desdichado para formar parte de aquel museo de árboles muertos.
Entonces volvió el silencio.
Pero un resplandor fugaz surgió de la estatua que tenía enfrente y besó su mirada. Una chispa de luz, un destello efímero que enseguida se multiplicó, sorprendiéndola a ella y a la oscuridad, que no comprendía qué pasaba. Intentó cerrar de nuevo sus garras sobre aquel corazón marchito, mas una fuerza se lo impedía, un sentimiento ardiente que gritaba desde lo más profundo del abismo. El viento gélido esgrimió sus palabras cortantes, alzando la voz por encima del firmamento, pero algo más poderoso que el olvido y la soledad renacía.
Del cuerpo petrificado del músico, comenzaron a surgir haces de blanca luz que rompían la noche, espantaban la niebla y acallaban el silencio. Eran líneas ardientes que pronto se convirtieron en cuerdas vibrantes, cuerdas de fuego que comenzaron a entonar una vigorosa melodía mientras se retorcían y desperezaban alrededor de la estatua, que poco a poco iba desprendiéndose del pétreo manto gris.
He venido aquí traído por tu llamada dijo el músico mientras se liberaba de la prisión de piedra—, ya que has pronunciado mi nombre, que sólo los dioses conocen. Ha sido al ver tu mirada, cuando he comprendido el porqué de mi presencia en este lugar de tinieblas, pues la llama en tu corazón debe ser reanimada, esa luz que el mundo debe conocer y admirar. Ahora sé que tú eres la madre de muchas vidas, la heroína de los cuentos que recordarán los más valientes. La hija por la que todos los padres vivirán y morirán. Tú eres la esposa del mundo, del cielo, del agua, del fuego y de la tierra. Así que cantaré, cantaré y cantaré, hasta que tu piel vuelva a ser cálida y suave, tu cabello ondee al viento, tus ojos vean más allá del horizonte del mar y tu sonrisa deje de ser un espejismo para convertirse en el estandarte que todos luciremos orgullosos en el corazón.
Hay alegrías que se dejan llevar por el viento, momentos que generan sonrisas que se rompen sin explicación. Hay días en que las nubes están sobre nosotros y ninguna brisa alivia el castigo al que nos condena la lluvia.
Hay caminos a oscuras y corazones apagados, hay alegrías que se las lleva el viento y sonrisas que sucumben al dolor… pero siempre que uno escuche, siempre que uno sueñe, al final de una canción, verá salir el sol.