Si deseas hacerme algún comentario, propuesta, sugerencia, o simplemente quieres cruzar unas palabras conmigo, no dudes en escribirme a elfinaldetodoslosinviernos@live.com

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sábado, 30 de junio de 2012

Vacaciones

Me voy de vacaciones. Un reposo necesario a estas alturas de año. Voy a estar prácticamente desconectado de internet, así que no actualizaré tan a menudo como es habitual este blog. Un mes lejos del ritmo habitual, del ajetreo diario, del trabajo, de la gente de cada día.
Pero que nadie se piense que estar desconectado de internet me va a tener lejos de un ordenador, no: mi nueva novela está en marcha, y estos 30 días que me esperan van a ser fascinantes. Cuando vuelva, algo siniestro me acompañará....
Hasta pronto, estimados lectores.


Mis lecturas, que no todo va a ser escribir, serán:

-El espejo, de Montserrat Romero
-El secreto del Valle de las Sombras, de Ana Coto

jueves, 28 de junio de 2012

La oscuridad de la muerte cerró sus ojos


Duerme pequeña mía, duerme y sueña con aquellos tiempos de ignorancia en los que no sabías ni del dolor ni de la decadencia, ni de la lucha diaria ni del poder de la noche, ni de los cuentos de miedo ni de las miradas que acusan.
Duerme ahora que puedes y no despiertes hasta que sea inevitable; huye de esa luz que te ciega. Vuela hasta lo más profundo de ese corazón que tanto anhelas, el que necesitas para poder así compartir el tuyo, la sangre que corre por tus venas, esa esencia negra que corrompe la gracia y el espíritu, el veneno que aquellas palabras y miradas te inyectaron una vez, cuando te derrotaron.
Tan sólo hay silencio aquí, donde lloran las estrellas, ocultas tras la luz,  al igual que tú, que bajo sábanas negras quedas indefensa, desnuda, de piel fría y pálida, blanca como la muerte, como ese resplandor que te aparta de mis ojos, del sol y de la vida.

miércoles, 27 de junio de 2012

En las alas de la soledad

Mirar antiguas fotos siempre despierta viejos recuerdos, sonreimos al recordar alegrías efímeras y pasamos los dedos por cicatrices ya olvidadas. Después, durante un breve instante, una sombra planea ante nuestros ojos; le sigue un suspiro.
Escuchamos el eco de los años pasados, miramos por la ventana con la esperanza de que el Fantasma del Pasado venga a darnos un paseo... pero, esto no es un cuento de navidad.
Salvado el abismo que nos separa de esas imégenes, estrellados en el presente, con las alas rotas y la garganta ardiendo, cerramos sin esperanzas el viejo album de fotos. Mala costumbre es no valorar el presente en su justa medida, cualquier tiempo pasado fue mejor, pero en unos años, meses tal vez, el Ahora será el Antes, justo en el momento en que el Luego esté a punto de pasar. Hacer girar la espiral sin ser conscientes de que nosotros somos la punta y no el centro, eso es lo que nos lleva a caer mareados sobre una tierra regada con lágrimas, sudor, sangre y esperanzas que habremos olvidado.
Los grandes momentos de mi vida se resumen a estas alturas de mi existencia en un fajo de fotos. El recuerdo desaparecerá conmigo... conmigo y con todos aquellos que, por un instante de sus vidas, se acercaron a mi, frente a un objetivo, y sonrieron por unos segundos. ¿Por qué son tan importantes las fotos cuando uno se abraza a alguien? No lo sé, quizá espera que éste no le olvide, que sepa en el futuro que una vez fueron amigos, hermanos, novios, almas encontradas en la inmensidad del mundo; posamos para no ser olvidados, para no caer en la soledad del futuro, del tiempo que aún nos queda por vivir y del que no sabemos nada, si estaremos aquí o allí, si seremos esto o aquello... si una mano agarrará la nuestra cuando la madeja se termine o cerraremos los ojos bajo la soledad, fría y silenciosa.
Aún soy consciente de todos los que una vez me acompañaron, disfruto cuanto puedo de los que ahora caminan conmigo, y, sinceramente, espero veros a todos vosotros cuando ya no deba caminar más.
Sobre todo sonreid, amigos, hermanos, amada mía, pues en este marco deprimente que es el paso del tiempo, vuestra imagen junto a la mía siempre quedará en mis retinas.

lunes, 25 de junio de 2012

La voz como un arma

Arden los pecadores simplemente al pronunciar sus nombres, a mi paso; lento caminar bajo la irritada noche, molesta con el descaro con el que deambulo entre sus calles. El río me observa, allí abajo, inquieto, atento a cualquier palabra que de mi boca pudiera salir; suspiro, se asusta y sigue su camino.
Durante el día he escuchado muchas cosas, palabras, desde la televisión, desde el equipo de música, desde mi mente. Todas significaban algo, algunas no tenían sentido para mi. No puedo comprender todo lo que me rodea, hay cosas que no, ni tan siquiera me interesa intentarlo. Lo absurdo a veces llama mi atención, pero nunca obtiene lo que busca. Quizá mañana, en el trabajo, cuando me canse de escuchar mis pensamientos, preste atención a sus vidas, la de los demás; hoy no.
Muerte, violaciones, pederastas, políticos en sus palacios... todos ellos arden en mis retinas. Furcias, chulos, ineptos, desconocidos charlatanes incapaces... ellos también están condenados ante mis ojos. Esgrimen sus razones, sus vacías palabras, su mísera existencia que al fin y al cabo es tan insignificante como la mía, como la de todos. Hasta ese río de ahí abajo un día decidirá detener su curso y darse un respiro. Nosotros también nos detendremos un día de estos, da igual el poder o el dinero. Dejaremos de andar, de hablar, y esas palabras que tan bien cargamos de odio, de miedo, de ignorancia, de amor, acabarán desapareciendo perdidas en la inmesidad de nuestra muerte.

Pero hasta entonces, ¡lucharemos!


viernes, 22 de junio de 2012

Presentación de "El Final de todos los Inviernos"

Llegó el momento de sacar a la luz la presentación que realicé de mi novela en el I Encuentro de Autores de Editorial Círculo Rojo.


Ambiente oscuro, silencio y seriedad, el escenario perfecto para "El Final de todos los Inviernos", una historia donde estos matices se mezclan con la trama principal, la lucha del protagonista por superar todos los obstáculos para conseguir romper el destino al que han sido condenados él y su amada.


A todos los que participaron en el evento, a Editorial Círculo Rojo, a mis compañeros de pluma y a todos los que siguen mi blog y mi obra, muchas gracias.

jueves, 21 de junio de 2012

Presentación "Para ti, mamá, mis mejores consejos".

Durante el pasado evento en El Ejido, Anaïs Christophersson nos presento su libro, "Para ti, mamá, mis mejores consejos", todo un manual para madres y padres, sobre todo para los primerizos, de cómo cuidar y cómo comunicarse con el bebé. Imprescindible; y para que no queden dudas, os dejo el video de la presentación.




Consíguelo aquí.

lunes, 18 de junio de 2012

La agonía de Aquiles

Aquí, tras los muros de mi amada Ilión, recordando aquellos tiempos en los que todavía luchaba por el honor y la gloria, sentado a estas horas de la madrugada, temiendo que la luz de la mañana aparezca entre las montañas, espero.
No hay señal alguna; eso está bien, todo sigue su curso.
Dejé las flechas volar, dentro del viento, como mensajes lanzados por cuervos ansiosos de carne muerta, sintiendo cada una de ellas penetrar y desgarrar mi cuerpo orgulloso; en pie, así me puede encontrar cualquiera que me vea, ignorando las heridas, rabioso antes los acontecimientos, sin bajar la mirada, arrogante avalado por el valor demostrado. Incluso en estos tiempos de dudas, todo está claro: hay que recuperar aquella fuerza flamígera y arder más fuerte y más alto que nunca, solventar a golpe de firme voluntad las dificultades de esta nueva era.
Nunca fui un niño que buscase la mano de su madre. Mickey  Mouse hace tiempo que murió y estandartes rojos y negros golpean furiosos el gélido viento que purifica esta noche la piedra de estos impenetrables muros.
Derrotar este sistema que nos atrapa, decapitar a este Aquiles de la era moderna, no es un sueño, no es una utopía, será la prueba irrefutable de que la voluntad de los hombres puede más que la herrrumbrosa maquinaria del futuro que nos han deparado.

Zeus dispondrá.



domingo, 17 de junio de 2012

Buenas noches



Hay silencio fuera, todos descansan ahora. El río susurra, no quiere molestar. No hay luna, está soñando. La montaña eterna observa tranquila, no hay ruido en su cabeza, sus pensamientos son puros esta noche. No llueve, no nieva, ni silva el viento... todos duermen.

A este lado del cristal también hay silencio. Mi mujer, mi gata, mis perros, duermen. Y yo pronto también dormiré, viajaré al mundo que me acoge cada noche, cuando cierro los ojos y azoto con furia los malos pensamientos, vástagos del ajetreo diario.

En unos minutos apagaré la luz.

Buenas noches, lectores de estas palabras, buenas noches a quienes vais a dormir, también a quienes no podeis dormir; sobre todo a vosotros.

Buenas noches.



viernes, 15 de junio de 2012

Cuatro noches para un sueño


Primera noche

Buscase donde buscase no hallaba el sitio, la postura adecuada, un pensamiento tranquilizador; el sueño se escurría entre sus dedos.
Clavó las uñas en la espalda de la noche, exigiendo el placer del sueño. Minutos que se burlaban de las manecillas del reloj, horas perezosas jugando alrededor de la cama.
Otra vuelta.
El murmullo del río más allá de la ventana le ataba a este mundo. Un coche avanzaba en la lejanía, de paso, perdido bajo la luna menguante. La nevera crujió. Eso le devolvió a su inmediato alrededor. Le hubiera gustado irse junto al rumor del vehículo, avanzar así hacia el mundo de los sueños, penetrar en la paz y el silencio de la noche fría y oscura; pero no, su mente programaba otro viaje.
Conocía los caminos que tomar bajo el sol, enemigo de la musa que le inspiraba, ladrón de sueños, amigo de la cruda realidad. Pero él sabía que ni el astro rey podría apartarle del Destino. Bajo las horas en que la imaginación sucumbe atemorizada por la terrible y sangrienta realidad, su Voluntad había abierto una puerta al otro lado. Un momento visualizado, un punto marcado en el mapa de su vida; allí, en las lejanas tierras del Sur, grabaría en la piedra de los sueños su nombre con puño firme.
Y eso le impedía dormir.
Años luchando, años sangrando; toda una vida susurrando, incapaz de hablar, incapaz de gritar. Pero al fin alzó la cabeza, y el orgullo reflejado en sus ojos iluminó la noche y a todos quienes esperaban aquel momento. Su momento había llegado.


Segunda noche

Su cuerpo cansado tenía derecho al descanso, pero él no quería dormir por miedo a despertar. Abrió los ojos para sentir mejor el viento en su cara, necesitaba ver para no olvidar dónde estaba. Luces de ciudad entre la eterna noche de discreta luna, palabras desde el corazón resonando como una nana en su cabeza; un sueño desde que despertara la mañana anterior, un sueño sin fin bajo las palmeras del antiguo reino morisco.
Paseó por aquellas calles silenciosas, visitó el alma de sus compañeras de viaje, conoció al guardián de los sueños y bebió del cáliz de los maestros. No dudó en hablar cuando le preguntaron, pero recordó que necio es aquel que se sienta junto al viajero y no escucha lo que éste tiene que contar; escuchó y escuchó, pensó y recapacitó, y fue entonces cuando se reveló en su corazón una energía blanca y pura que le indicó cuál era su lugar.
Regresó alborotado a su cuerpo y respiró con calma, aliviado. No era un sueño, era el Sueño, y tenía que vivirlo sin más, sin complejos ni dilaciones.
Abrió su alma ante la puerta del Destino, y al entrar dejó que entraran ellos también. El eco de sus voces le reconfortaron y desterraron la soledad nocturna.


Tercera noche

Todo había pasado tan rápido que se sentía lleno, saciado.  Vivió sin temor las horas que duró aquel sueño que tanto visualizó. Risas, caricias, miradas, palabras, conocimientos, temores superados, monstruos derrotados; todo ello para hacer crecer los corazones y las almas de quienes en aquel día decidieron no despertar y seguir soñando.
Se tumbó en la cama sin saber a dónde iría después. ¿Cómo tranquilizar aquella energía que fluía en su alma? ¿Cómo cerrar los ojos así sin más, sintiendo una alegría desbordada que anegaba los siete puntos de su universo? Simplemente respiró y se dejó llevar.


Cuarta noche

Aquella era su cama, aquel su hogar, su mujer, su vida; pero algo había cambiado en él.
Sabía que ya nada iba a ser igual. Nada de lo que sucedería en el futuro sería lo que había escrito en el firmamento.
La noche susurraba una bonita melodía en resonancia con la luz que tres ángeles habían depositado en su corazón. Pasó del frío invierno a la primavera más radiante. El verde se difuminó con la oscuridad reinante y dio forma al árbol que siempre había sido su vida. Nuevas ramas crecieron ante sus ojos y nuevos frutos degustó.
Cayó en el sueño de quien ha conocido la plenitud, el sueño de aquel que sigue enamorado de las pequeñas cosas, de la gente que mira con nobleza, de los que saben hablar y callar… a los que nunca olvidará… a los que nunca abandonará.


David Arrabal Carrión



Dedicado a todos mis compañeros de Editorial Círculo Rojo y a quienes de acercaron al I Encuentro de Autores de Círculo Rojo, pero especialmente a Mercedes, Montse y Anaïs; sobretodo a ellas.

jueves, 14 de junio de 2012

Crónica de la Alerta OVNI

Debo ser sincero y decir que jamás había participado de un evento tan singular, y es que la que montó el programa de radio Milenio 3, de la Cadena Ser, fue cosa de otro mundo.
Llevaba el asunto preparándose muchas semanas, y de la misma manera, en mi casa, también íbamos cuadrando horarios de trabajo, recopilando datos sobre la meteorología de esa noche, los astros que se podrían ver en el cielo, los satélites artificiales que cruzarían el firmamento a tal o cual hora, etc.
El café, las infusiones, zumos, picoteo vario, linternas, mantas, abrigos y demás parafernalia lo dejamos para última hora, mientras digeríamos la cena.

El día anterior a la Alerta OVNI, subimos al lugar donde íbamos a acampar, el Port d´Envalira, en el Principat d´Andorra. Fue un reconocimiento curioso, más digno de cualquier programa de Íker Jiménez que la misma Alerta: A algo más de 2.400 metros de altura, en la antigua emisora de Andorra, la niebla espesa nos impidió atisvar el más mínimo detalle del paisaje que nos rodeaba. Se podía cortar a cuchillo. Mientras hicimos algunas fotos, no podía dejar de pensar en la película "La niebla" o en el juego "Silent Hill". Daba cierto mal rollo.

 Esta es la antigua emisora de Andorra, ahora un edificio semi-abandonado. Un lugar tétrico, la verdad.

 A los pies de la emisora, este es el paraje que la niebla dejaba ver. Más allá de donde estábamos, se abre un precipicio... aunque no lo parezca, aunque no se vea.

Ni cielo ni los Pirineos... nada, tan sólo niebla, ese era nuestro paisaje a disfrutar.

El día D, la noche señalada, la madrugada del sábado 9 al domingo 10, llegó junto con el frío y una fina llovizna que por momento era nieve. Las mantas y toda la ropa de abrigo apareció sobre nuestros cuerpos al mismo tiempo que Íker Jiménez daba comienzo a la Alerta desde Valladolid, donde se montó una carpa especial para la ocasión. Cientos de personas llevaban ya algunas horas con ellos cuando comenzó la emisión. 
Fueron conectanto con cada uno de los corresponsales, compartiendo ellos así las esperiencias que estaban viviendo junto a aquellos que se habían acercado a los lugares señalados desde semanas antes en la web. Practicamente todos disfrutaban de un cielo despejado y un clima más benévolo que el que estábamos sufriendo nosotros, con una temperatura inferior a 5º, algo de llovizna y un cielo que a duras penas nos regaló un claro por el que localizar algunas constelación que nos permitiera guiarnos; al menos con la brújula nos hicimos la idea de hacia donde miraban los corresponsales y colaboradores de Milenio 3, que seguían paseando sus voces y comentarios a través de las ondas. 
La madrugada pasó a golpe de café e infusiones calientes, transistor en mano y mantas sobre los hombros. No se apreciaba movimiento en el cielo, ni el nuestro, nublado, ni en el del resto de España, pero fue llegar las 03.30h y un aluvión de avistamientos comenzaron a ser retransmitidos desde varios puntos del Sur. Luces, objetos extraños y nieblas también extrañas (según narración del bueno de Alberto Cerezuela, pues este fenómeno apareció de manera repentina e inexplicable y a punto estubo de causar un ataque de pánico en los allí reunidos).


 Vista de El Pas de la Casa, la frontera de Andorra con Francia.

 Helándonos y mirando los cielos, a ver si algún OVNI se dejaba ver entre tanta nube.

 Al menos la Luna sí nos regaló su mágica presencia.

 La antigua emisora, igual de siniestra con niebla que si niebla. Había luz en el interior, no sabemos si por algún sistema automático o porque hubiera algún vigilante. Si lo había, seguro que se no se le pasó por la cabeza salir con esa panda de zumbaos que buscaban OVNIS con linternas y un transistor a todo volumen.

El cielo de la madrugada.

La verdad es que podría extenderme con más datos y detalles, pero es mejor escuchar el programa y ser testigos, aunque ya sea en diferido, de lo que en aquella noche mágica aconteció.
Por nuestra parte disfrutamos, pese al frío, la llovizna y los cuatros copos de nieve que nos acompañaron, junto a la voz de Íker, Carmen, Santi y Javier y los todos los corresponsales de Milenio 3. Una interesante experiencia que repetiremos más a menudo, eso sí, buscando localizaciones menos frías y con mejor meteorología.

miércoles, 13 de junio de 2012

Presentación de "El Secreto del Valle de las Sombras"


Esta es la presentación que realizó Ana Coto de su novela en el I Encuentro de Autores de Editorial Círculo Rojo.
Su novela está teniendo una acogida fantástica, y triunfó en la recientemente clausurada Feria del Libro de Madrid.
Una novela con alma propia. No os la perdáis.

sábado, 9 de junio de 2012

Segundo y tercer capítulo de "El final de todos los inviernos"


II


Y los ángeles lucharon entre ellos, y muchos buenos corazones murieron entonces. Campos enteros quedaron cubiertos de cuerpos sin luz, destrozados, profanados, empalados, condenados a la oscuridad por siempre.


Irene abrió los ojos aterrada, sudando, con el corazón golpeando frenético en su pecho. El pijama, las sábanas, toda su piel, estaban empapados en sudor. Buscó con la mirada un punto en su alrededor que le permitiera aferrarse a la realidad, siendo incapaz de asimilar el terrible sueño que la había hecho despertar. Estaba en su habitación. Sintió un gran alivio. Todo parecía estar en su sitio, el despertador marcaba las tres de la madrugada y las luces de las farolas de la calle a duras penas traspasaban la tela oscura de las cortinas. Podía escuchar el viento soplar fuera, sacudiendo y alborotando las ramas sin hojas de los árboles.  Se incorporó y encendió la lamparilla de noche. Buscó la botella de agua que siempre tenía junto a la cama y dio un buen trago. Respiró profundamente varias veces hasta que notó su corazón tranquilo. Se recostó sobre el cabecero de la cama y encendió un cigarro.
-Mierda –murmuró. Acababa de tener el sueño, la pesadilla, más impactante de su vida. No recordaba bien, pero sí la imagen de miles de hombres, guerreros tal vez, que se mataban unos a otros mientras gritaban en un idioma incomprensible. Después uno de ellos, ensangrentado, moribundo, le hablaba, sin entender lo que este decía. De pronto, como sucede en los sueños, se había visto sujetada por tres hombres al tiempo que un cuarto la violaba mientras le gritaba y pegaba. Y ahí despertó, sola, en su cama. Apagó el cigarro sin acabar de consumirlo y se levantó.
El lavabo estaba frío, muy frío. La calefacción no funcionaba desde hacía tres días. Algo pasaba con la caldera, le comentó aquella tarde el propietario del edificio. Permaneció sentada en el váter, tapada con su bata de franela como si de una manta se tratara. Ante ella estaba la pica y sobre ésta el espejo. Levantó la cabeza hasta que pudo ver sus ojos reflejados. Tenía ojeras, otra vez. Últimamente dormía poco y mal, aunque no había tenido pesadillas hasta aquella noche. Repasó en un momento aquel invierno que terminaba. En noviembre la dejó su novio, con el que había vivido en aquel mismo piso algo más de tres años. Fue todo un récord en sus relaciones, se recordó con una triste sonrisa reflejada en el espejo. Arturo aguantó sus constantes cambios de humor, sus fobias y sus malas rachas como ningún otro hombre lo había hecho en sus treinta años de vida. Tenía una facilidad pasmosa para apartar de su vida a todo aquel que se preocupaba por ella, que la quería. Eso le recordó a sus padres, de los que se alejó a los diecinueve años, cuando se enteró que era adoptada.
Encendió otro cigarro.
Las cuatro de la madrugada. No podía volver a dormir. Se tumbó en el sofá del comedor, junto al radiador eléctrico y extendió dos mantas para taparse. En la tele no daban nada interesante, repetición de programas, series antiguas, videntes exóticos echando las cartas y concursos telefónicos. Le escocían los ojos pero no lograba retomar el sueño, como si alguien se dedicara a levantarle los párpados cada vez que estaba a punto de cerrarlos.
Las cinco. Las seis. Las siete. Hora de levantarse, se dijo con una amargura sarcástica. Lejos del radiador seguía haciendo frío.  Tampoco había agua caliente. Calentó una olla de agua en la cocina y se aseó como bien pudo. Cogió su uniforme del tendedero y se vistió con una desgana aterradora. Odiaba su trabajo, aquel centro comercial, siempre lleno de gente ruidosa, gente cansina y maleducada. Por lo menos le permitía pagar el alquiler del piso, se recordaba constantemente. El coche lo había vendido tres meses atrás, pues con sólo su sueldo no podía hacer frente a los gastos. Su vida iba cuesta abajo desde que comenzase el invierno, se volvió a recordar mientras cogía las llaves, el bolso y se ponía el abrigo. No es que su vida hubiese sido una alegría constante, pero conforme iba cumpliendo años, más sola se iba quedando, se iba sintiendo.
Las ocho menos cuarto. En la parada del autobús estaban las mismas personas de cada día. Jueves, pensó mientras se apoyó en una farola. Conectó el mp3. Una canción de Loreena McKennitt comenzó a sonar; para la tarde anterior, cansada y hambrienta después de su jornada laboral, había estado bien, pero necesitaba algo más movido a esas horas de la mañana. Tenía sueño, y no quería quedarse dormida en el trayecto. Avanzó en el listado de canciones y dejó sonar Héroes del Silencio. “Amanecí con los puños enterrados…”, cantó en silencio al escuchar la voz del cantante. Encendió un cigarro y negó con la cabeza, resignada, sumergida en sus pensamientos.
-Muchacha –una voz la devolvió a la realidad-, ¿subes?
Una mujer esperaba a medio subir los peldaños de acceso al autobús y la miraba con una sonrisa.
-Gracias –se sonrojó Irene.
Media hora de trayecto y estaba nuevamente frente a la entrada de empleados del centro comercial donde llevaba siete meses trabajando, desde que la despidieran de su anterior trabajo, en una tienda de animales. Quizá en aquel momento, ser dependienta en aquella tienda, rodeada de olor a piensos, cachorros de perro y heces de pájaros, no era lo que más deseaba y apreciara en el mundo, pero verse de cajera en el supermercado de un centro comercial le superaba cada día que pasaba.
Entró y tras un largo pasillo accedió al parking donde se encontraba el vigilante que controlaba el acceso del personal. Varias de sus compañeras y demás empleados del centro esperaban en una desordenada cola. El vigilante golpeaba la máquina de fichar. Varios golpes después volvió a funcionar. Uno a uno iban pasando. Irene rebuscó en su bolso, pero no encontró la tarjeta para fichar. Otra bronca del vigilante, se aseguró a sí misma. Y así fue.
Dejó el bolso y el abrigo en su taquilla y se repeinó con la mano frente al espejo del vestuario. Otras dos cajeras se retocaban el maquillaje mientras chismorreaban y reían. No sabía, ni quería saberlo, de quien estarían haciendo burla, pero podía ser de ella misma. Tanto le daba. Si algo tenía bien claro es que según qué tipo de personas no las quería en su vida más que lo justo y necesario, y todo aquel que trabajaba allí no era ninguna excepción a esa regla. No es que todo el mundo allí fueran malas personas, pero Irene siempre había tenido desarrollado una alta falta de interés por los demás y se esforzaba en que los demás sintieran lo mismo hacia ella.
-Hola –una voz cálida y alegre la sorprendió camino de la línea de cajas, justo cuando pasaba por la sección de droguería. Era Marta, una chica de veinticinco años, que trabajaba en Atención al Cliente. Irene aminoró el paso y le sonrió cuando ésta le alcanzó. La muchacha le devolvió la sonrisa-. Tía, ayer volvieron a ponerte una queja… uno que decía que para haberse gastado trescientos euros le habían tratado con frialdad y poca simpatía.
-Esos trescientos no me los dio a mi –replicó Irene-. Hay gente que tiene que entender que después de siete horas aguantando gilipolleces una no puede sonreír porque sí a nadie, aunque éste se deje mil euros en la compra.
-Yo sólo te lo digo porque el cabrón de Alfredo está buscando excusas para ajustar la plantilla –Marta era de las pocas personas que allí dentro se preocupaban de los demás. Tenía vocación para estar en Recursos Humanos, pero debió elegir entre Atención al Cliente y el paro a la semana de empezar trabajar.
-A veces creo que el despido es el empujón que necesito para cambiar de vida –se sinceró Irene-. Tú no te preocupes por mí.

 
III


Lucifer sonrió satisfecho y alzó su enorme espada en espera del ataque. Batió sus alas, sucias, manchadas por la sangre de sus enemigos, y todos quedaron maravillados pues su magnificencia era realmente superior a la de cualquier ángel; él fue una vez el Primero.
Sus dorados cabellos ondearon al viento.
Las espadas chocaron y un gran rugido estremeció el Cielo. A cada golpe resonaba un nuevo estallido y todos se acurrucaron entre sus rodillas, asustados, temiendo que el Universo se desplomase sobre sus cabezas o el abismo abriese sus fauces y se los tragase para siempre. Pero no podían evitar alzar las cabezas y contemplar el cruel combate entre hermanos.



-Lo he visto, Abbadón –susurró Rochel, sonriente, caminando entre las estrellas desperdigadas por el vacío del Espacio infinito-. Aquel que ha escapado camina ahora por el mundo de los hombres con pies terrenales.
-No puede ser, no puedo concebirlo –Abbadón se puso en pie y contempló el universo bajo él. En su mano derecha, siempre frías, agarraba con una fuerza descomunal la cadena que retenía a Lucifer en el Infierno. Milenios llevaba como guardián de aquel lúgubre lugar que se encontraba a años luz de donde ahora ellos dos observaban, suspendidos en el Cosmos, con un ojo en el final de aquella cadena y el otro, ahora, posado sobre la Tierra-. No entiendo como no pude verlo escapar. Mis ojos nunca han dejado de vigilar, jamás aparté la mirada de sus tristes rostros.
Abbadón respiraba tranquilo. Dominaba su ira al igual que aquella indestructible cadena, aferrando con fuerzas sus sentimientos, ahogándolos en el frío del Universo infinito.
-También la he visto a ella –Rochel extendió una mano y mostró la Tierra sobre la palma, como si de una fruta se tratase. La hizo flotar, girar, y la alzó a la altura de sus ojos-. Araziel va en su busca. Observa esta esfera, Abbadón, están cerca el uno del otro. ¿Lo ves? Sabes tan bien como yo que Él escribió en estas estrellas que nos rodean su destino, su maldición.
-Y Araziel vuelve a desafiar la Ley –Abbadón comenzó a llorar, vertiendo lágrimas frías sobre la Tierra y la palma de Rochel.
-No hay perdón para nuestros hermanos caídos –Rochel cerró la mano y la imagen del planeta se desvaneció-. Estas lágrimas que has vertido limpiarán el mundo de los Hombres para que nuestros semejantes puedan ir en busca de Araziel.
-Matad a Batshemesh y que su dolor sea así más intenso que el de Lucifer –rugió Abbadón, haciendo estremecer constelaciones enteras-. Devorad el alma de esa mujer y que no pueda así volver a hallarla, ni en la Tierra ni en el Infierno.
-No puede ser –Rochel borró toda sonrisa de su cara-. Él no permitirá que el castigo que impuso a la mujer tenga fin. Olvida esa idea, amigo, hermano, pues aunque tu cometido te de privilegios que los demás no tenemos, no puedes ignorar Su Palabra.
-¿Privilegios, dices? –Abbadón levantó la cadena y la apretó con fuerza frente a los ojos de Rochel-. Esto no es ningún privilegio, hermano. El castigo del Maldito, del Caído, es mi prisión. Fui elegido por la Voluntad Divina, nunca se me preguntó.
-Siento haberte alterado –Rochel apoyó su suave mano sobre el puño encadenado de Abbadón-. Es cierto que el peso que soportas te aleja cada segundo que pasa de la Palabra y el Amor. No quiero herir tu esencia. Disculpa.
-Supongo que Él ya habrá elegido a la mano ejecutora, ¿verdad? –Abbadón volvió a sentarse sobre el firmamento, cansado y desmoralizado-. ¿Quién de entre nuestros hermanos corregirá mi descuido?
-El mismo Elemiah –volvió a sonreír Rochel.
-Elemiah es quien susurra el Destino de Batshemesh –Abbadón quedó por un momento sorprendido. Jamás un ángel había abandonado su Tarea, y éste había sido el elegido para guiar en la desgracia y la decadencia a Batshemesh en sus distintas encarnaciones. Sus palabras, susurradas directamente al alma de la mujer, nunca dejarán que ésta disfrute de la felicidad o el descanso, ni del amor ni del gozo-. ¿Permitirá pues el Altísimo que la mujer sea libre durante el tiempo que precise Elemiah para devolver a Araziel al infierno?
-Sabes al igual que yo que Sus planes jamás nos serán revelados antes de que sucedan –Rochel comenzó a alejarse lentamente-. Mil legiones de ángeles tiene a su disposición si lo precisa, así que si es su Voluntad redirigir el destino de la mujer, sus razones tiene. Al fin y al cabo, su Amor puede ser eterno.
Rochel desapareció caminando entre nebulosas y estrellas solitarias. El Cosmos era la puerta y el camino al Cielo. Abbadón contempló con efímera tristeza el vacío dejado por su hermano. Volvió a concentrar totalmente su atención en el otro extremo de la cadena, contemplando con ira el rostro apagado, gris e inerte de Lucifer. El Infierno no era tan sólo aquel lejano y lúgubre lugar donde yacían condenados los rebeldes, los caídos, los derrotados. El Infierno también era no poder recuperar sus atributos angelicales, su esencia divina, y permanecer allí, sólo, tan encadenado como su odiado Lucifer.